Haber perdido el propio eje. «Poner el pecho fuera». Eso es lo que significa la palabra «expectativa» (ex-pectore).

Con frecuencia las expectativas implican algo poco favorable: esperar que las cosas sean de determinada manera y no de otra (y cuando sucede de esa otra manera; Nos des-ilusionamos, nos des-corazonamos, o nos des-concertamos si todo es mejor de lo que creíamos que sería)); esperamos que los demás cambien, que nos den lo que no nos dieron, que tengan determinados gestos… (y cuando eso no acontece sufrimos una enorme frustración); esperamos de nosotros mismos ser distintos de como somos, luchando contra nosotros mismos (lo cual garantiza perder la batalla, pues nunca se gana cuando, en vez de trabajar CON lo que somos, trabajamos CONTRA lo que somos). EX-PECTATIVAS. Y en estos días del año este padecer estalla con virulencia, como en una hipnosis colectiva: hacia los demás, hacia los eventos familiares o grupales, hacia cómo tememos o deseamos ser vistos por los otros, hacia lo que «traerá el nuevo año»… Poner el pecho afuera nos deja en una condición muy frágil! La tarea es TRAERSE HACIA EL PROPIO PECHO, Y, DESDE ALLÍ, MANTENERSE ABIERTO, SENSIBLE, in péctore (pecho adentro, en el corazón).

Quedar a la expectativa de sentirnos bien SEGÚN lo que suceda… es quedar pendiente de eso; y ¿qué es un pendiente? Desde la física, un péndulo: algo sin estabilidad propia, que oscila de aquí para allá a expensas de la mano que lo sostenga, no pudiendo evitar que un polo lo lleve a su opuesto. Cuando estamos pendientes de lo externo esas expectativas desgastan nuestro psiquismo. Y ésta es una situación dolorosa por donde se la mire: por un lado, porque perdemos libertad, y por otro, porque con frecuencia las expectativas de lo que debería ser nos impiden percibir lo que realmente es. Percibir lo que ES nos permite movernos en la vida con más seguridad, permaneciendo en eje, sabiendo de qué alejarnos y a qué acercarnos. Y también dejar libres a los demás! Pues, en la propia experiencia… ¿Cuánto nos limitan, cuánto nos pesan las expectativas que los demás tienen sobre nosotros?

Pero cuidado: luchar CONTRA nuestras expectativas… es más de lo mismo! Es tener la expectativa de no tener expectativas. Entonces… ¿Qué hacer?

El punto es DARSE CUENTA de cuáles son, observar cómo funcionan CREANDO UNA REALIDAD MENTAL PARALELA, desplazándonos de LO ÚNICO QUE TENEMOS: el presente. Las ex-pectativas ponen el pecho no sólo afuera, sino también en lo que AÚN NO ES. Entonces: respirar hondo y advertir que nos hemos quedado «con el pecho puesto afuera», nos permite permite evaluar la realidad tal cual se da, fluir con ella, y tomar lo que SÍ pueda eventualmente prodigarnos, más allá de nuestras expectativas. Curiosamente las expectativas (positivas o negativas) responden a lo más viejo de nuestro interior; esa mente vieja evalúa lo por venir en función de lo ya vivido. La vida, en cambio, es móvil, fresca, inesperada… Soltar las expectativas es dejar de querer controlar las variables de lo que acontece; soltamos también las cuentas pendientes, los deseos, los prejuicios. Y entonces UNO SE DA CUENTA, y VA CON LA VIDA. Si algo puede anhelarse con cordura, es eso. Y es èse, pues, nuestro anhelo para cada uno de Ustedes, en estos días y siempre…